Nuestra historia

 
   
 

 

  Nuestra historia     

 

Somos Esther y Federico.

Nos conocimos el otoño de 1990. Dos años más tarde ya éramos inseparables y el 26 de abril de 1992 empezamos a salir juntos.
Pronto nos dimos cuenta que estábamos hechos el uno para el otro y que deberíamos formar nuestra propia familia.
Y así lo hicimos. Aunque tardamos unos cuantos años en poder ahorrar lo suficiente para poder dar la entrada de una casa, la cual, además, tardaron un año más de lo previsto en entregarla y nos hizo retrasar nuestros planes de boda.

Nos casamos el 8 de agosto de 1998 a las seis y media de la tarde en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de Chinchón, un precioso pueblo de la comunidad de Madrid.

Nos fuimos a vivir a un pequeño, pero bonito, piso en Madrid, el cual ya pensamos que nos quedaría pronto pequeño, ya que no tenía más que un dormitorio y nos faltaba uno para el bebé que queríamos tener.

Empezamos a buscar el embarazo a los pocos meses de casarnos, a principios del 99, y
pronto empezamos a pensar que igual tendríamos dificultades para conseguirlo.

Yo sabía que cabía esa posibilidad, ya que siempre he tenido unos ciclos muy irregulares, por lo cual decidimos ir a consultar con un médico.

Con unas pocas pruebas nos dio la noticia: si queríamos un embarazo, tendríamos que recurrir 
a una inseminación artificial. No lo queríamos creer.
Pensábamos que igual era exagerado. Que, como era un médico privado, igual le interesaba que nos hiciéramos tratamientos y así ganar más dinero con nosotros.

Así que le dijimos que lo íbamos a pensar y fuimos a pedir una segunda opinión.
Esta vez a la sanidad pública.

Pero claro, ya se sabe, que esto suele ir más despacio. Empezamos en el mes de mayo de 2000. Primero fui a mi médico de cabecera que me mandó al ginecólogo de mi zona. Esta cita tardó unas dos semanas, porque me la pusieron como "urgente".
Cuando fui a la consulta del ginecólogo, enseguida me dijo que esto era cosa del
departamento de infertilidad del Hospital Ramón y Cajal. Así que nos remitió allí donde nos dieron cita para octubre.
A partir de esa consulta en el hospital, nos hicieron pruebas, aunque afortunadamente no tuve que repetir las que ya me había hecho con el médico del seguro privado.
Tardamos unos meses en escuchar el diagnóstico... y fué peor. Nos apuntaron en lista de espera, pero para fecundación in vitro.
Ese día, había ido yo sola a la consulta. Pensé "para lo que me van a decir, no hace falta que vayamos los dos...".
Pero, claro, yo nunca pensé que me lo fueran a poner peor de lo que ya me lo habían puesto. 
 Salí destrozada. Y DOS AÑOS . Me dijeron que la lista era muy larga y que ese sería el tiempo que tardarían en avisarnos.
Dos años. Era mucho tiempo.  Y ya estábamos en el mes de noviembre de 2000.

Lo pensamos, hablamos, y la desesperación nos hizo volver a la primera opción.
La más amable.
La más fácil. La que no funcionaría.

Le volvieron a hacer pruebas a Fede y viendo que el semen no era demasiado bueno, nos propuso un tratamiento a base de hormonas.
Se tenía que pinchar un día si y otro no, pero como eran inyecciones intramusculares, tenía que acudir a un centro de salud para que se las pusieran.
En estos momentos prácticamente nadie sabía que estábamos luchando por ser padres.
La gente nos preguntaba que si no tendríamos hijos y nosotros respondíamos que todavía era pronto, ya los tendríamos más adelante.
Cada vez era más difícil mentir. Seguro que alguno de vosotros sabe bien de que hablo...
 

En esto, ya estábamos en el 2001. Ya habían pasado dos años. Pero aún así, todo el mundo que me decía: "eres muy joven!" lo seguía diciendo igual, pero ya habían pasado dos años y no habíamos conseguido ser padres.

En esos días falleció mi suegro, y esto nos hizo retrasar el comienzo del tratamiento unos meses, hasta que mi marido estuviese más tranquilo.

Así nos dio casi el verano cuando empezamos con su tratamiento. Duró unos cuantos meses y al terminar, parecía que había funcionado.
El semen era de mejor calidad. Así que empezamos con los tratamientos de inseminación artificial el 4 de octubre de 2001.

Me inseminaron el 17 de octubre, pero no funcionó. Ni esta vez ni las cuatro siguientes.
Fueron meses muy duros.

Era como ir montado en la montaña rusa. Sube y baja. Así eran nuestros estados de ánimo.
El mío, peor aún.

Después de la primera decepción, no quieres volver a ilusionarte, pero luego piensas... y si esta vez...
 Y eso es lo malo.
Te convences de que puede que esta sea la buena y luego el fracaso te cae encima con todo su peso, te hunde, no tienes ganas de nada.
No quieres ver niños, ni escaparates con ropa ni accesorios de bebé, ni mamás con sus niños, ni mujeres embarazadas ,ni carritos... nada. Si alguna conocida tiene la suerte de quedar embarazada, sientes un profundo dolor.
Y aunque sabes que de verdad te alegras por ella, no puedes evitar sentirlo, en lo mas profundo de tu corazón.
Y te preguntas que por que te pasan estas cosas a ti.
Por que a las demás no les cuesta ningún trabajo quedarse embarazadas y tu no puedes.
Pero además te sientes mal por no alegrarte sin más por la otra persona y te sientes mezquina por todo ello, no se,  es difícil de explicar.
Lo que si sé, es que es muy duro.
Solo quien lo haya pasado sabe a que me refiero.

En este momento decidimos que ya no engañaríamos a nadie. A partir de entonces, cada vez que alguien nos preguntaba cuando seríamos papás, le contestábamos la verdad.
Que no podíamos. No sin la ayuda de la ciencia.
Entonces los que se quedaban hechos polvo, eran los que preguntaban.
Así nos quitamos ese peso de encima.

La última inseminación fue el 5 de mayo de 2002. Y fue esta vez cuando decidí que ya estaba bien.
No podíamos seguir así.
Esto estaba condicionando nuestras vidas, creando problemas y discusiones entre nosotros.
Así que hablamos y decidimos esperar a que nos avisasen de la seguridad social.
Tomarnos un tiempo para descansar en esta larga carrera que habíamos comenzado hacía ya mas de tres años. Ser padres seguía siendo lo que más deseábamos, pero teníamos que tomarlo con calma, por lo menos, un tiempo.

Así decidimos esperar y si no nos avisaban antes de un año, empezaríamos a buscar una clínica para probar con fecundación in vitro.

Hasta que el 17 de diciembre de ese año, sonó el teléfono, era del Hospital Príncipe de
Asturias.
Teníamos cita en la consulta de Reproducción el 21 de enero de 2003.

Era como si nos hubiese tocado un premio. Estábamos muy ilusionados.

Cuando llegamos a la consulta nos sometieron a una especie de interrogatorio, sobre nosotros, antecedentes de enfermedades, tratamientos...

Aquí nos confirmaron que nos habían tomado el pelo... y el dinero. El semen obtenido para las inseminaciones, era insuficiente para este tipo de tratamiento.

Así que nos dijeron: "vamos a dejar de perder el tiempo, que ya os lo han hecho perder bastante..."

El proceso fue un poco lento y largo. Empezamos con las pruebas y después el tratamiento del 27 de mayo hasta el 27 de junio que fue la extracción de los óvulos.

Solo conseguimos dos, de calidad no demasiado buena, pero fecundaron los dos y me los implantaron dos días después.

Hice reposo, me ilusioné... pero no funcionó.

Me volvieron a apuntar en la lista de espera. No teníamos ni idea de cuando podrían volver a llamar.
Pero esperamos.

Nos volvieron a avisar el 19 de febrero de 2004. Esta vez fue todo más rápido.

El 15 de marzo empecé con el tratamiento. El 19 de abril, la extracción. Esta vez siete óvulos.
Dos días después me implantaron 3 embriones.

Esta vez me lo tomé con más calma. Así que al día siguiente, nos fuimos a la playa. Nada de reposo.
Total, que posibilidades había de conseguirlo? Yo pensé que poquísimas.

Lo que pasó es que una semana después empecé a notar molestias en la barriga. Como tensión nerviosa.

Luego unos días después me sentía revuelta después de la comida, así que no pude esperar más y me fui a comprar un test de embarazo.

Esto ocurrió el 3 de mayo de 2004.

Me lo hice en el trabajo, y cuando vi el resultado... se me debió quedar una cara... POSITIVO!!

No me lo podía creer. Me dieron ganas de salir fuera y gritar "estoy embarazada!!!"

No me podía concentrar así que pedí permiso para irme antes a casa.

Llamé a mi marido por teléfono. No sabia como decírselo. Hablamos un rato y por fin le dije: "felicidades".
El me dijo que por qué y yo le dije: "tu sabrás". Entonces me dijo: "estas embarazada?". Fue emocionante.
Hubiese preferido verle la cara, pero no pude esperar. Nunca pensé que se lo diría de esa manera.

 

 

 

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